Los “indignados” del mundo están equivocados
Por José Ramón Villaverde García, desde España. Emprendedor y fundador de Izahara Diseño de Proyectos
Una de las palabras que uno nunca acaba de aprender a decir bien, es adiós. Aunque marcharse sea -incluso- lo mejor para alguna de las dos partes involucradas, las despedidas siempre son difíciles.
Decirle adiós a un amigo que se va lejos, a un compañero de trabajo que emprende nuevos rumbos, o a ese gran amor con quien las cosas no resultaron, la mayoría de las veces duele. Pero, sin duda, la más triste de las despedidas es cuando alguien a quien queremos muere.
Más triste y desconcertante, cuando esa persona tenía tanto por hacer aún. Ese es el caso que a principios de septiembre mantuvo a todo nuestro país en luto, la partida de 21 personas especiales que no debían marcharse, porque no, no era su hora.
Amén de sonar egoísta, ¿cómo iban a estar listos para partir hombres como Felipe Cubillos, Joaquín Arnolds y los otros pasajeros de aquel fatídico vuelo, cuando estaban dando más de lo que cualquier ser humano es capaz de entregar por quienes resultaron más vulnerados y afectados, luego de uno de los peores desastres naturales que ha vivido Chile en el último tiempo?
No, perdón la insistencia, pero no estaban listos. Este país los necesitaba y necesita miles de Cubillos y miles de Arnolds que nos ayuden a transformar a esta nación en una más justa, más igualitaria, con más oportunidades, más desarrollo, más sustentabilidad y más entrega, sin esperar nada a cambio. Es demasiado grande la tarea que nos deja su partida y tanto más lo que tenemos que cuestionarnos pero, en especial, lo que debemos comenzar a hacer para preservar y perfeccionar su legado.
Tuve la oportunidad de conocer y de entrevistar a Felipe Cubillos en mayo de 2009, antes de su hermosa labor en Desafío Levantemos Chile, y tengo el orgullo de decir que ya en ese entonces sentí conocer a un hombre maravilloso, con una impresionante visión de la vida y del mundo. Altruista hasta la médula y con una capacidad de entrega como pocos he conocido. El prejuicio que, a veces, tenemos la mayoría de los colegas sobre los empresarios, tuve que tragármelo.
A Joaquín Arnolds no tuve la posibilidad de conocerlo en persona, aunque sí su trabajo, la energía y la pasión que lo movían; pero me bastó reunirme hace pocas semanas con su socio y amigo, Gonzalo Muñoz, para confirmar que también era de esos seres en extinción. Un hombre generoso con todos los que lo rodeaban y, tal y como me contó Gonzalo, alguien excesivamente “patudo” para entregar a los demás.
Y así, podría seguir llenando decenas de páginas escritas sobre nuestros otros compatriotas a quienes, tristemente, debemos decirles adiós; pues eran de la misma cepa, mujeres y hombres atípicos, apasionados por su trabajo y que se dieron cita para un viaje que mostraría los avances de una gran iniciativa.
Esta edición se la dedicamos a ellos, a los 21 chilenos y a cada una de sus familias y amigos que, al igual que nosotros, lamentan profundamente su partida.
Pero hoy, también me toca decir adiós a mí. Luego de tres años como editora periodística de City, emprendo nuevos desafíos laborales y no quiero dejar de despedirme de ustedes: la razón de nuestros cotidianos esfuerzos por hacer de ésta, la mejor revista de emprendimiento.
Desde este lado de la vereda, fue un honor poder aportar aunque fuese con unos cuantos granitos de arena a difundir la labor de quienes luchan por emprender en Chile y porque el nuestro sea un país con mayores oportunidades de desarrollo, pero sobre todo, de innovar: porque sólo así podremos hacer frente a cualquier dificultad que atraviese nuestros caminos.
Adiós.
Daniela Suau ContrerasEditora Periodística
Revista City
Por José Ramón Villaverde García, desde España
Emprendedor y fundador de Izahara Diseño de Proyectos.
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Por José Ramón Villaverde García, desde España. Emprendedor y fundador de Izahara Diseño de Proyectos
En julio pasado el grupo de multinacionales conformado por Apple, Microsoft, RIM, Ericsson, Sony y EMC, compró las 6.000 patentes de la quebrada Nortel, entre las que destacan importantes licencias sobre tecnologías móviles y de cuarta generación, por un nada despreciable monto de US$4.500 millones. Menos de un mes y medio después, Google hace lo suyo dando otra relevante señal al mercado, compra Motorola Mobility en US$12.500 millones, ostentando así a más de 17.000 patentes.
Entre perros grandes, digamos que estas luchas no deberían sorprender, sin embargo, lo que considero interesante discutir es ¿en qué beneficia esta batalla al consumidor final? Porque lo que hemos visto no es precisamente la persecución de ese objetivo, sino una sed por adquirir patentes que les permitan golpear más fuerte a sus rivales.
¿La cuantiosa inversión de dinero de las empresas, no debería centrarse en innovar más que en obtener derechos de un tercero?, ¿no representaría eso un real beneficio para sus clientes?
En la actualidad, muy difícilmente volveremos a descubrir el café instantáneo; hoy las invenciones más que algo nuevo, se centran en mejorías de lo que ya se ha hecho. Más aún en el terreno tecnológico. Por ello, si el propósito de incentivar el patentamiento no es potenciar la innovación, sino por el contrario, restringir la competencia, frenando la innovación; considero válido cuestionarse si se deben seguir otorgando o no patentes de software.
¿Es conveniente consentir licencias de exclusividad que en vez de proteger los desarrollos, no buscan más que inhabilitar a la competencia? Incluso a emprendedores que recién están comenzando. Ese es el caso de los ya conocidos “trolls de patentes”, fantasmas corporativos que acumulan licencias con el único fin de desatar ofensivas legales para conseguir beneficios económicos.
Desde nuestra perspectiva, el leitmotiv de una patente y el por qué hemos decidido hacer una edición especial sobre propiedad intelectual, es que ésta valoriza la creatividad humana, la capacidad inventiva y las ideas de negocio; puesto que una patente puede llegar a tener más valor, incluso, que los activos tangibles de una empresa.
Pero, bajo ninguna circunstancia, debe dificultar el desarrollo de ningún tipo, pues sin innovación el estancamiento de un país viene como consecuencia obvia. En la presente edición, ese es el enfoque que encontrarán en los casos y artículos que les presentamos, esperamos que les gusten y que los contagien de una mirada constructiva.
¿De qué te sirve ser miembro de la OCDE?
Periódicamente, uno de los grandes quehaceres editoriales son las reuniones de pauta, donde analizamos los temas a tratar en las ediciones que vienen. Para nuestra suerte, no pertenecemos a ‘farandulandia’ y no estamos obligados a debatir qué publicar: ¿lo que entretiene a los lectores o lo que éstos deben saber? Sin embargo, siempre hay un cuestionamiento sobre qué es lo que a ustedes les gustaría ver en portada, qué temáticas les despiertan dudas y qué los hará detenerse frente a un quiosco y escoger nuestra revista.
En un reciente encuentro de este tipo, nos pusimos a conversar sobre Chile en la OCDE. Desde hace año y medio, no hay diario ni pasquín que se salve de hablar sobre cuán mal o bien estamos con respecto a los demás miembros de dicha organización y, absolutamente todos, están sacando de manera constante gráficos comparativos. Pero, siendo bien honestos, ¿de qué le sirve esto a los ‘homo chilensis vulgaris’ como tú?
De acuerdo, fuimos los primeros de Sudamérica y a nadie le cabe duda de que una de las cosas que se ganó con esta afiliación fue prestigio, dado que la OCDE agrupa a las naciones que mejor funcionan y no sólo en el ámbito económico, sino en el de la eficiencia pública, el laboral y el de los derechos humanos, entre otros.
Pero en sí, lo más valioso, y lo que nosotros consideramos que debemos transmitirles a ustedes, es cuánto ganamos como país en la transferencia de conocimientos y experiencias. En especial, de aquellas naciones que cuentan con mejores ecosistemas de emprendimiento. Pues el fin que persigue este organismo es promover políticas que optimicen el bienestar económico y social de las personas, fomentando el trabajo conjunto y la búsqueda de prácticas más idóneas para solucionar los problemas comunes.
Haciendo el mismo ejercicio que nuestros pares, pero en lo que nos convoca a ustedes y a nosotros: el emprendimiento; hay aspectos en los que Chile está muy por debajo de los niveles adecuados frente a los restantes asociados. Según el libro Condiciones del Contexto para el Emprendimiento en Chile: Un Análisis de 5 años (UDD, mayo 2011), uno de los casos más sorprendentes es el de la protección sobre los derechos de propiedad intelectual.
Nuestras principales deficiencias se centran en una extendida venta ilegal de copias piratas, en la falta de certeza por parte de los inventores de que sus patentes serán respetadas y una legislación que no es rigurosamente aplicada, entre otras. En este terreno nuestra evaluación de 2,52 (de una de escala 4,5) no tiene precedentes dentro de los otros países analizados.
Y tú, ¿consideras importante la propiedad intelectual?, ¿has tenido una idea o creado algo que hayas patentado?, ¿dimensionas la relevancia que puede llegar a tener patentar tu invento? Si respondiste al menos un “no” o un “no sé”, a cualquiera de las preguntas anteriores, te dejo invitado desde ya a conocer más sobre este tema en la próxima edición de City. Estamos preparando un número especial y nuestras reuniones de pauta han sido atómicas.
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