Periódicamente, uno de los grandes quehaceres editoriales son las reuniones de pauta, donde analizamos los temas a tratar en las ediciones que vienen. Para nuestra suerte, no pertenecemos a ‘farandulandia’ y no estamos obligados a debatir qué publicar: ¿lo que entretiene a los lectores o lo que éstos deben saber? Sin embargo, siempre hay un cuestionamiento sobre qué es lo que a ustedes les gustaría ver en portada, qué temáticas les despiertan dudas y qué los hará detenerse frente a un quiosco y escoger nuestra revista.
En un reciente encuentro de este tipo, nos pusimos a conversar sobre Chile en la OCDE. Desde hace año y medio, no hay diario ni pasquín que se salve de hablar sobre cuán mal o bien estamos con respecto a los demás miembros de dicha organización y, absolutamente todos, están sacando de manera constante gráficos comparativos. Pero, siendo bien honestos, ¿de qué le sirve esto a los ‘homo chilensis vulgaris’ como tú?
De acuerdo, fuimos los primeros de Sudamérica y a nadie le cabe duda de que una de las cosas que se ganó con esta afiliación fue prestigio, dado que la OCDE agrupa a las naciones que mejor funcionan y no sólo en el ámbito económico, sino en el de la eficiencia pública, el laboral y el de los derechos humanos, entre otros.
Pero en sí, lo más valioso, y lo que nosotros consideramos que debemos transmitirles a ustedes, es cuánto ganamos como país en la transferencia de conocimientos y experiencias. En especial, de aquellas naciones que cuentan con mejores ecosistemas de emprendimiento. Pues el fin que persigue este organismo es promover políticas que optimicen el bienestar económico y social de las personas, fomentando el trabajo conjunto y la búsqueda de prácticas más idóneas para solucionar los problemas comunes.
Haciendo el mismo ejercicio que nuestros pares, pero en lo que nos convoca a ustedes y a nosotros: el emprendimiento; hay aspectos en los que Chile está muy por debajo de los niveles adecuados frente a los restantes asociados. Según el libro Condiciones del Contexto para el Emprendimiento en Chile: Un Análisis de 5 años (UDD, mayo 2011), uno de los casos más sorprendentes es el de la protección sobre los derechos de propiedad intelectual.
Nuestras principales deficiencias se centran en una extendida venta ilegal de copias piratas, en la falta de certeza por parte de los inventores de que sus patentes serán respetadas y una legislación que no es rigurosamente aplicada, entre otras. En este terreno nuestra evaluación de 2,52 (de una de escala 4,5) no tiene precedentes dentro de los otros países analizados.
Y tú, ¿consideras importante la propiedad intelectual?, ¿has tenido una idea o creado algo que hayas patentado?, ¿dimensionas la relevancia que puede llegar a tener patentar tu invento? Si respondiste al menos un “no” o un “no sé”, a cualquiera de las preguntas anteriores, te dejo invitado desde ya a conocer más sobre este tema en la próxima edición de City. Estamos preparando un número especial y nuestras reuniones de pauta han sido atómicas.



