Desde que era pequeña, en mi retina, Albert Einstein no era más que el físico loco y padre de la Teoría de la Relatividad. Jamás pensé que alguien como él pudiera filosofar desde su laboratorio, que fuera creyente (a su manera, pero creyente al fin y al cabo) y, mucho menos, que gracias a su experiencia con la ciencia pudiese tener una mirada tan brillante sobre el mundo de las ideas.
Lo que más me gusta de la frase con la que titulo esta editorial, es que da en el clavo con un tema que –me atrevo a decir- debe ser transversalmente compartido por la mayoría. Si queremos cambiar determinadas realidades de nuestra vida, pero venimos actuando exactamente igual, ¿cómo pretendemos conseguirlo?
Si tu estrategia no está generando los resultados que esperas en tu negocio, tu producto o servicio no está obteniendo dividendos en términos de demanda, o continúas teniendo una pésima relación con tu socio, ¿por qué seguir adelante, casi de manera majadera, por la misma senda?
¿No será que debes cambiar tu conducta? Una historia de emprendimiento que ejemplifica esto, es la de María Teresa Comparini, cuando comenzó con Nutra Food. Sus primeros pasos fueron elaborar galletas sin azúcar para adultos mayores, sin embargo, este proyecto no era viable en términos de rentabilidad, dado que estaba apuntando a un nicho demasiado específico.
Esta emprendedora podría haber insistido inagotablemente en su idea preconcebida de que su mercado era la tercera edad, hasta que las cifras continuaran demostrándole lo contrario, pudiendo incluso llegar a provocar la quiebra de su empresa.
Pero por el contrario, ante la negativa del mercado, María Teresa Comparini tuvo la astucia de dar un giro y apuntar a productos de interés masivo, reorientándose a los alimentos saludables. El éxito vino como consecuencia obvia y hoy se encuentra con nuevos emprendimientos.
Es altamente positivo creernos el cuento y tener la certeza de que nuestro expertise en los negocios o en determinada área, nos avalan y pueden permitirnos superar cualquier dificultad; pero esa claridad mal conducida puede llevarnos también a la ceguera. Aunque no lo creas, y aquí otra frase de Einstein, “todos somos ignorantes; lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”.
En el mundo de los negocios, no hay nada peor que ser obtuso de mente. Si tu servicio no se traduce en clientes, o tu producto no logra ser un hit de ventas ¡Deja de hacer lo mismo! Cuestiónalo, replantéalo y piensa qué puede estar fallando. Pero, más aún, ábrete a la posibilidad de reinventarlo.
Eso hice durante este mes. Logré romper una barrera, luego de casi tres años dándome contra el muro y negándome a cambiar mi actitud. La satisfacción de haberme abierto a hacer las cosas de otra manera y estar viendo los resultados que siempre esperé, es realmente grata.
Daniela Suau Contreras
Editora Periodística
Revista City



