Sin embargo, un buen jefe no sólo debe cumplir con estos requisitos al momento de liderar un equipo de trabajo, sino que además debe mantener una genuina preocupación por la persona en sí, su calidad de vida y equilibrio integral.
El enfoque es apuntar al bienestar del colaborador, ya que su condición anímica repercute directamente en su desempeño y, por consiguiente, en la productividad de la empresa.
Estudios recientes entregados por el Ministerio de Salud revelan que en Chile 1,5 millones de personas sufren estrés laboral, lo que corresponde al 25% de la fuerza de trabajo del país, cifra alarmante que se traduce en un aumento del ausentismo laboral y, como resultado, en una baja en la productividad.
A esta problemática debemos agregarle el sobreendeudamiento, ya que la mitad de los trabajadores destina la mitad de su sueldo al pago de deudas, lo que se traduce en unas 7 horas semanales en apagar ‘incendios’, impactando negativamente en el rendimiento global del colaborador.
Por todo esto, cobra gran importancia el desarrollar políticas internas o programas de asistencia al empleado que eviten el denominado ‘presentismo’, que consiste en estar al frente del puesto de trabajo, pero dedicando el tiempo a buscar soluciones a sus problemas a través del teléfono, Internet o con el resto de sus compañeros.
Programas como estos pueden constituir una solución preventiva eficaz para direccionar las preocupaciones, problemas personales o estrés que puedan tener los colaboradores de una empresa, y permite asegurar una higiene mental que favorece la productividad.



