Recuerdo siempre con gran cariño mi vida en Haro, mi pueblo, un hermoso lugar en La Rioja. En época de vendimias, íbamos a las viñas cercanas a coger uva. El aliciente no consistía en comer el mayor número de éstas, sino en el hecho de que en algún instante pudiéramos ser descubiertos. Uno cuidaba las bicis para la huída; otro atisbaba el entorno y el resto tomaban las frutas, después el botín se repartía. Aunque he de decir que más de una vez casi nos cogen.
Esto me sirvió para adorar la cultura del vino y para transformar ese juego en poderoso aliado, asumiendo como premisa que el trabajo en equipo es vital. Al final, la vida nos lleva a todos a destinos diferentes del pensado en un principio, pero poco a poco he ido dando forma a mi particular presentación y aplicación de esta palabra. Todos tenemos oquedades en nuestro CV, aprendemos y nos redefinimos constantemente, pero hay ciertos valores que siempre han de acompañarnos, el principal, la generación de la confianza.
Un día Izahara apareció en mi vida, intenté llevar a cabo en mi empresa lo acumulado en mi experiencia profesional. Quizás éste es un país de más zancadillas que de laureles, pero tenía que intentar desarrollar mi idea. Adopté una estrategia, pensando que aunque mi equipo de inicio fuera yo, eso lo podía transformar en ventaja, teniendo en cuenta a otros más pequeños como yo.
En este corto camino, he ido conociendo a gente muy válida que no por entrar en mi línea de trabajo, o yo en la suya, dejaban de ser idóneos. Así que de un mensaje aquí o escuchar allí, descubrí el rumbo. Aprovechando las herramientas del mercado, actué.
Un proyecto nunca sale de hoy para mañana. La diferencia entre emprendedor y empresario es muy amplia, aunque en su premisa principal sean términos casi análogos, son distintos en su gestión. Paseos por redes sociales, reuniones con unos u otros, proyectos que no se concretan u otros que por el famoso, “no saber decir no”, salen defectuosos. El caso es que en un momento dado siempre en la vida aparece la oportunidad.
La sinergia surge quizás como el amor, sin buscarla. Se llega a ella, generalmente de la manera más fácil y se cierra el tema, en una reunión sencilla pero llena de grandes contenidos jalonados de ilusión y esperanza. La principal cualidad en la que ha de basarse este concepto es la confianza, representada en respeto profesional y una comunión en fines y objetivos, medibles, sencillos y alcanzables. Nunca se deben pedir grandes metas, sino conseguir pequeños hitos que acumulados otorguen méritos comunes. Esto desarrollará motivación y un salto cuantitativo en los nuevos propósitos.
El grupo crece en valor interno. Los objetivos, aunque en un inicio parezcan pequeños, son fuertes bases de generación de confianza. Ésta se va gestando y empieza a ser percibida por el cliente, en forma de novedad, calidad y regeneración positiva. Cada uno asume una función determinada y aporta lo mejor en su campo. El consumidor final ya no percibe varios, sino uno. La sinergia produce riqueza interna y externa, ya que aprendemos lo mejor del otro y el cliente percibe lo mejor del grupo.
Y ahora freno, porque en unos días os presentaré la mejor sinergia de mi vida profesional: ¿Cómo encontré a Ana?
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