Mi pasión es el fútbol y desde que era chico jugué en diferentes equipos. Primero en el colegio, después en la universidad y hoy en una liga con mis amigos de toda la vida. Siempre me ha gustado jugar de 10, posición ubicada en el centro de la cancha y cuya misión es crear el fútbol en el equipo, tratando de habilitar a mis compañeros para que ellos hagan los goles.
Sin ser un jugador rápido, una de mis principales virtudes es tener la virtud de hacer moverse al resto. Sin embargo, en varios partidos me gritaron que me “sacara el balde”.
¿De dónde vendrá esta expresión? Se usa mucho en este deporte para indicar a aquellos jugadores que, por su actitud, pareciese que metieron su cabeza dentro de un balde y sólo pueden mirar hacia abajo dentro de un radio muy reducido, perdiendo la capacidad de observar lo que está pasando a su alrededor. Generalmente, aparece esta actitud cuando el equipo va perdiendo y el jugador pareciera querer ganar solo el partido, siendo su único interés mirar que la pelota vaya entre sus pies.
En efecto, en varios partidos me he ofuscado por ir en desventaja, además de despotricar contra el árbitro y ganarme varias expulsiones por lo mismo, me “he puesto el balde” y lo único que he atinado a hacer es a agachar la cabeza y empezar a correr hacia adelante sin mirar dónde están mis compañeros, preocupado sólo de que no me quiten la pelota.
La diferencia entre un buen y un mal jugador de fútbol radica exactamente en este punto. Más allá de que pueda ayudar tener una buena técnica y control de la pelota, lo que marca la diferencia es la capacidad de jugar con la cabeza levantada.
Algo que Zinedine Zidane, astro de la selección francesa, hacía a la perfección. Sabía exactamente dónde se encontraban los 21 jugadores restantes dentro de la cancha. “Jugaba de memoria” y parecía “tener ojos en la espalda” (metáforas ocupadas para esta virtud de quienes se distinguen en una cancha).
Lo mismo sucede en un negocio o empresa. Aquellos que se diferencian no son los más talentosos necesariamente, son los que se mueven con la cabeza levantada, mirando todo el entorno y no solamente su metro cuadrado. Tienen la capacidad de observar sistémicamente, tanto dentro como fuera de su organización, en los grupos de interés que se generan en sus trabajos, la competencia, las conversaciones de pasillo, el mercado internacional, las presiones gubernamentales y las restricciones legales en su conjunto.
Lograr esta mirada no es sencillo. La tentación es dedicarse a la tarea del día a día y a apagar incendios. En los tiempos de crisis se hace mucho más difícil levantar la cabeza, cuando vamos perdiendo el partido, pero resulta esencial para poder darlo vuelta.
Si estás a cargo de la organización o de algún área en particular, no te bastará saber dominar la pelota. No estás en esa posición sólo por eso. Estás porque se necesita de ti, que te saques el balde y empieces a preocuparte de los 21 restantes. De lo contrario, lo más probable es que no te des ni cuenta cuando hayan terminado los 90 minutos y te hayan metido cuatro goles.
Y tú, ¿hace cuánto que no levantas la cabeza? Puede que te estés quedando en el fondo de la tabla y que irte a segunda división sea tu próximo paso…



