Para la resolución de un problema hace falta que en principio se resuelva admitir que existe, la necesidad de afrontarlo y en ciertos casos, ayuda para resolverlo. La sociedad y las empresas miraron hacia otro lado esperando que pasara la tormenta y simplemente siguieron viviendo por encima de su realidad sin admitir que había un problema ¿cómo resolverlo?
La gestión de cualquier problema hace preciso que desde el inicio se haga un diagnóstico coherente, eficaz y adherido al objetivo empresarial. Por lo tanto ¿qué hacemos? En principio fijar los grupos de trabajo, una persona que concrete aquello que se dice y decide (nuestra mente es frágil, olvidadiza y a veces maliciosa), calendarios de reuniones, duración y algo muy importante el sistema de comunicación y filtración de documentación en los periodos de trabajo que no haya reunión.
Desde aquí, acotemos el problema a solucionar, analizando la situación con veracidad, información relacionada con el fallo y objetivo a cumplir. Que un equipo interno investigue las causas y que un otro externo se vaya preparando para medir la corrección del mismo. Con todo esto podemos conseguir que clasifiquemos las causas del problema y las posibles soluciones al mismo.
Compliquemos un poco más todo esto, establezcamos posibles soluciones. Cada una será definida por un criterio (siempre sinónimo o parejo al objetivo general empresarial) el cual, deberá ser confrontado con cada solución posible. A su vez un grupo de trabajo se encargará de buscar soluciones alternativas que enriquecerán la idea final. Y podemos finalizar todo esto con una redacción del problema analizado, causas contempladas, soluciones barajadas, criterios de elección de la solución y elección de la mejor. Se debate en el comité de dirección, se da orden de implementar y se comunica a toda la empresa, mientras un grupo comienza a seguir los resultados.
Y ahora empleo la palabra liderazgo, la persona que haya gestionado e implementado todo esto ¿no será percibido por su entorno como un buen líder o al menos un buen gestor? Estamos acostumbrados a incluir con excesiva demagogia este tipo de términos y al final un líder puede ser el que en época de hundimiento simplemente gestiona el mejor salvavidas para cada caso.
Hay mucha gente que piensa con razón que no son innovadores o creadores, porque quizás seguimos buscando cuadrar el círculo. Tenemos que tener en cuenta que un buen líder saca de cada uno lo mejor o al menos intenta buscar las soluciones precisas. Sabe que para que la cadena se inicie alguien está ahora mismo apretando un botón y si ese acto no se produce con arreglo a unos tiempos precisos y justificado por un determinado procedimiento de trabajo es muy probable que nadie de la empresa sea capaz de poder innovar o crear cuando entre en juego.
Ahora mismo lo principal es ser eficaz y eficiente y el área competencial de tu puesto de trabajo desarrollarla todo lo mejor que puedas. Así la empresa estará cultivando futuro y aunque pienses lo contrario, estarás innovando más de lo que crees; porque hemos llegado a unos tiempos en que hacer bien el trabajo ha llegado a ser paradójico.
El ex presidente Havel en su discurso pronunciado en la universidad de Harvard, como final de su carrera política, decía que siempre tuvo miedo a volar y a las grandes decisiones. Nunca olvidemos esto, la toma decisiones acarrea miedo, consustancial a la palabra liderazgo.
Quizás el líder empieza innovando desde que se da cuenta de su levedad, parafraseando el libro de Kundera, porque desde ahí diagnosticará eficaz y eficientemente los problemas planteados.



