Dos íntimos amigos, compañeros del Santiago College y de
Para Nicolás, hijo del empresario Guillermo Luksic, éste es su primer emprendimiento desligado de su familia y al que está dedicado a tiempo completo. Mientras que Olea y Feres, con sólo 33 años, ya son unos “veteranos” en el mundo de las telecomunicaciones. Desde un comienzo supieron que querían tener su propio negocio y no ser “empleados” de nadie.
Partieron el año 2002 cuando, junto a otros socios –también compañeros de colegio- fundaron Multiecast, emprendimiento que marcó un hito en la mensajería móvil en Chile al ser pioneros en el desarrollo de productos innovadores tales como la televisión interactiva, gráficas en pantalla y todo tipo de aplicaciones de mensajería.
La idea surgió en un viaje de intercambio a Barcelona donde conocieron cómo funcionaba la tecnología del SMS, que en ese minuto no era masiva en Chile y que en España, por el boom de los reality shows, estaba cambiando la manera de comunicarse.
Ahí vieron una oportunidad de negocio y no dudaron en implementarla en nuestro país, desarrollando su propia plataforma tecnológica. Así, con sólo $10 millones de capital inicial, algunos recién egresados de la universidad y otros en proceso de titulación, formaron Multiecast. Una empresa que logró ejecutar grandes proyectos para las principales operadoras de servicios móviles (Movistar y Entel) y para grandes compañías, universidades y bancos, llegando a tener ventas por más de US$2 millones al año.
“En nuestro primer emprendimiento nos caracterizamos por estar siempre innovando y desarrollando nuevas tecnologías, eso marcó la diferencia y fue la clave de nuestro éxito”, relata Cristián Feres. Pero no todo fue fácil, Cristián Olea cuenta que “las principales anécdotas tienen que ver con nuestra experiencia con contadores, hemos tenido algunos ladrones, otros que decían que trabajaban, pero después de unos meses nos dimos cuenta que no reportaban al SII y tuvimos que pagar multas, así que es importante encontrar uno bueno y estar siempre atentos”.
El año 2007, dado el posicionamiento de la firma en Chile, una multinacional neozelandesa les ofreció comprar su negocio en US$2,5 millones, con el compromiso de que los creadores permanecieran durante dos años, dada su cercanía con los clientes y el conocimiento del mercado chileno. Ese fue el único período en el que fueron empleados y, tal como recalca Cristián Feres, “desde que vendimos el primer emprendimiento, ya estábamos pensando en el segundo”.
Al cabo de un tiempo vieron la necesidad de crecer en dos líneas, crear nuevas tecnologías y agrandar el mercado, donde Chile lleva la delantera en Latinoamérica. Pero llevar a cabo un segundo proyecto, pese a tener más experiencia y una reputación, no fue tan fácil: “La situación familiar, ya casados y con hijos en camino, hizo más complicada la decisión”, precisa Cristián Olea.
Sin embargo, pareciera que el emprendimiento ya era parte de sus vidas, por lo que en conjunto con Nicolás Luksic, que se encontraba trabajando en un fondo de inversiones en París, gestaron este nuevo desafío donde Luksic es el socio mayoritario. “Definitivamente siempre me interesó emprender. Es un tema que me apasiona, pero antes de hacerlo me pareció muy importante aprender y juntar experiencia tanto dentro como fuera de Chile. He estado muy ligado al emprendimiento por el lado de mi familia y hoy estoy muy orgulloso de lo que hemos logrado en Ionix; mi primer emprendimiento personal”, recalca Luksic.



