Una estrategia innovadora
En su búsqueda permanente por difundir sus vinos, los socios de MOVI tomaron una decisión: romper los esquemas y hacer un trabajo distinto. Así organizan eventos para la prensa donde el fruto de Baco ya no es el protagonista, sino otros pequeños productores que, al igual que ellos, trabajan a “escala humana”.
Por eso, en los viajes de difusión al extranjero, donde sólo pocos pueden ir, los socios llenan sus maletas de botellas de todas las viñas y presentan los vinos de sus compañeros como propios, y es que se “creen tanto el cuento”, que los asistentes a ferias quedan impresionados por el conocimiento que transmiten de todos los mostos de MOVI.
Para ellos es tan importante el factor humano, que en todos los eventos siempre hay un representante de cada viña presente, así los clientes pueden conversar en vivo y en director con el enólogo que creó el vino. Tal como dice Andrés, “el vino siempre se trata de ’buenos momentos’ por lo que no se puede industrializar tanto el proceso, ya que pierde su magia”.
“Viajamos 800 kilómetros a Capitán Pastene en la cordillera de Nahuelbuta donde hay una familia haciendo prosciutto, pastas y además tienen unas cabañas preciosas. Ellos también son emprendedores. Queremos asociar los vinos a personas”, comenta Felipe García.
MOVI posee una estructura de costo muy baja. Cada asociado paga hoy una cuota mensual de $50.000 que destinan casi en su totalidad a actividades de promoción. Acá la clave es la cooperación de los socios y el tiempo que dedican a esto, porque como dicen por ahí “time is money”.
Pensando en el ejemplo de asociatividad de MOVI, éste se puede replicar a cientos de negocios en nuestro país.



