Paolo Colonnello, fundador de Bligoo
El 4º Portal más visitado quiere ser el 1º en llegar al Nasdaq
Comenzó cuando en Chile muy pocos sabían siquiera lo que era un mail, e internet estaba lejos de masificarse. Destacándose como uno de los pioneros en el desarrollo de proyectos web en los 90, hoy lidera una de las principales plataformas tecnológicas latinoamericanas y pretende llegar con su producto estrella al Nasdaq.
Por Francisca Urroz Richards / Daniela Suau Contreras
Fotografías José Luis Salazar Araya
Corrían los 90, cuando Paolo Colonnello decidió estudiar Ingeniera Civil Informática en la Universidad de Santiago (Usach). Fue en los pasillos de esta casa de estudios donde conoció el mundo detrás de la red y donde la posibilidad de contactarse con personas de todo el mundo, gratuitamente, captó totalmente su atención.
Desde ese momento supo que deseaba crear algo que trascendiera y que le permitiese posicionar el nombre de Chile en el extranjero. Sin embargo, no ha sido fácil. Antes de crear Bligoo, su actual empresa, tuvo varios fracasos, pero hoy no se arrepiente de ninguno. ¿Su próximo desafío? Llevar su creación al Nasdaq, la principal bolsa electrónica de valores del mundo.
Actualmente, Colonnello es uno de los chilenos más reconocidos en el mercado tecnológico nacional. Es uno de los cerebros tras Bligoo, la primera plataforma para crear comunidades hecha 100% en Chile y con presencia en toda Latinoamérica, la que incluso llegó a ser elegida por la Universidad de Stanford como una de las 250 empresas con mayor potencial del mundo. Aquí, la historia de cómo se transformó en un líder de esta competitiva industria.
Sus primeros pasos
Aún estudiando y junto a su actual socio, Álvaro Portugal, además de otros compañeros de curso, decidieron aventurarse en la creación de una empresa que desarrollara páginas web en 1996. “Estudiábamos de día y trabajábamos de noche. Era desgastante, pero entretenido. Nadie sabía muy bien de qué se trataba la web ni en qué se iba a convertir”, recuerda.
Pese a que lograron llevar a cabo importantes proyectos como sitios para Bellsouth, la Bolsa de Comercio y el Festival de Viña del Mar, la importancia de enfocarse en terminar sus estudios los obligó a dejar de lado este negocio, al cabo de un año y medio.
En 1999, gracias a sus conocimientos en internet –en una época que escaseaban los entendidos-, la consultora multinacional Business Design Associates lo contrató para trabajar nada más y nada menos que en Silicon Valley. Así, a sus 26 años, fue testigo de los primeros pasos de gigantes como Amazon y Hotmail. Al poco andar, la firma para la que trabajaba fue comprada por una empresa irlandesa, por lo que Colonnello optó por volver a Chile con su maleta llena de nuevas ideas.
Soñar, después pensar
De regreso en nuestro país quería iniciar un nuevo negocio. “Emprender es un muy buen espacio para inventar. Tú sueñas algo y después ves cómo lo construyes. Quería armar una empresa no sólo para pagarme un sueldo, sino por hacer historia”, cuenta Colonnello.
A su juicio, en Chile no se aprecia realmente el emprendimiento y hay valores sobredimensionados como la alternativa académica, el hacer un MBA y optar por el mundo “corporativo” en lugar de emprender. Ante esto, plantea que es necesario un cambio cultural donde el equivocarse sea bien visto “Hay que valorar más las equivocaciones, los aciertos no enseñan nada. Es la falla la que te enseña”
Así, con otra mentalidad, el objetivo de idear algo que afectara la vida de muchas personas y trascender, el ingeniero levantó US$1 millón como capital inicial, junto a la sociedad de inversiones Sintex, para dar vida a Estaok.com, firma con la que buscaba potenciar el comercio colaborativo y coordinar las operaciones logísticas de diversas compañías, tanto con sus clientes como proveedores. Fue durante este emprendimiento donde Colonnello identifica su primer fallo: “La ejecución comercial no fructificó con otras empresas, por lo que este proyecto fue absorbido como un departamento de Oxiquim”, compañía en
La tercera es la vencida
Tras su segunda empresa y aún con la idea de generar algo que sentara un precedente, junto a Álvaro Portugal decidieron armar Blue Company, enfocada en diseñar y crear tecnologías que faciliten la comunicación, coordinación y colaboración de las personas en torno a sus propios desafíos. Consciente de su fracaso anterior, este emprendedor no sólo quiso hacer algo nuevo, sino optar por otro modelo de negocios, por lo que se decidió por el Bootstrapping.
“Un modelo tradicional es: levanto plata, construyo jaulas para hámster, por ejemplo, consigo el dinero con el banco, construyo las jaulas, las vendo y devuelvo el préstamo. En cambio, con el Bootstrapping yo desarrollo el producto con el cliente futuro. No les vendo lo que quiero vender a futuro, pero sí a quienes quiero como consumidores más adelante, lo que permite construir una relación y conocer a los futuros clientes. La gracia es que uno va creciendo sin deudas o con deudas mínimas y tienes una masa de usuarios con la cual puedes ir probando tu producto”.
Fue así como con un Capital Semilla de US$150.000, junto a sus socios –entre ellos Ingrid Antonijevic, ex propietaria de Sal Lobos-, partieron haciendo proyectos prácticos con clientes y buscando cuál iba a ser el producto que iba a escalar mundialmente. Esto, ya que a su juicio, el mercado chileno es muy pequeño, por lo que es necesario idear algo que pueda generar un impacto global. “Nuestro equipo no tiene nada que envidiarle a uno de primera línea de desarrollo de Silicon Valley. Leemos los mismos manuales, documentos y no vemos por qué no es posible generar un proyecto de alto impacto, como por ejemplo, un Amazon, un Google o un eBay desde Chile”, afirma.
De esta forma, comenzaron a idear diversos productos y soluciones. Partieron con Blue Box, un proyecto de hardware que convertía un monitor o televisor en un computador, y luego Blue Cricket, una plataforma de comunicación que permitía a sus clientes tener un servicio más estructurado que el mail y más colaborativo. Sin embargo, la poca escalabilidad de ambos, y conscientes de que la rapidez con que se desarrolla la tecnología “obsoletizaba” estos desarrollos, provocó que ninguno calificara como el producto estrella que estaban buscando.
“De forma paralela desarrollábamos distintos productos para diferentes clientes y nuestro expertise comenzó a darse en proyectos para usuarios que necesitaban relacionarse con sus clientes. En esa época contábamos con más de 200 comunidades de relación abierta y estábamos ocupando una tecnología que desconocíamos que iba a llamarse web
En 2007, decidieron armar una plataforma que unificara todo y que les permitiera hacerse cargo de aquellos clientes que, en mayor o menor medida, compartían una misma necesidad”. Nacía Bligoo.
La consagración
Al poco andar el proyecto se fue masificando exponencialmente, por lo que al mes de su lanzamiento, y sin mucha promoción, lograron 5 millones de visitas únicas. Sin embargo, la atención no sólo provino de Chile, Bligoo fue nominada por la Universidad de Stanford como una de las 250 empresas con mayor potencial del mundo. Además, fue caso de estudio por la Escuela de Negocios de la Universidad de California (UCLA).
Para este emprendedor su objetivo estaba prácticamente cumplido, pero como buen innovador decidió no conformarse, quería ir por más. Para lograrlo, junto a su equipo de trabajo, en 2009 lanzaron el sitio en inglés y portugués y desarrollaron portales especiales para Argentina, Brasil, Colombia, México y EE.UU.
Hoy Bligoo tiene 25.000 comunidades, es el cuarto portal más visitado de Chile, después de Emol, La Tercera y Terra, armando un potente negocio publicitario en torno a la red social. Sólo el 40% del negocio está en Chile, el resto proviene de países latinoamericanos y España.
Ir siempre más allá
Con Blue Company el primer año facturaron $8 millones y en lo que va de 2010, ya bordean los US$2 millones. Su crecimiento es del 20% mensual. Así de clara es la evolución que esta firma ha experimentado en los últimos tres años. Pero su ambición de ir más allá sigue intacta. Por lo mismo, Colonnello afirma que más que dividendos, su trabajo actualmente se centra en generar ingresos que les permitan dar vida a nuevos productos. “¿Cambiar el auto o crear una empresa que ponga el nombre de Chile a nivel mundial? Nuestro sueño hoy va por lo segundo. No estamos tan preocupados de cambiar el auto, sino de crecer como compañía”, asegura este emprendedor.
Por lo mismo, es que el haber conquistado otros públicos a nivel regional, no es suficiente para este líder. Dentro de los planes para la compañía está el penetrar en España, que representa el 15% del tráfico de sus operaciones, pero genera el 300% de los ingresos publicitarios, transformándose en un mercado altamente rentable que desean desarrollar mayormente. Por ello, Colonnello se irá a fines de este año para liderar dicha expansión.
¿El paso siguiente? Llegar al mercado latino en EE.UU. y luego conquistar Asia. “Estamos en pañales pero es la siguiente etapa”, cuenta.
Otra meta clara de Blue Company, es crecer 100 veces y están trabajando para lograrlo. Uno de sus próximos desafíos es llegar al Nasdaq, la bolsa electrónica más importante del mundo para empresas emergentes, que Colonnello cree es la salida natural para una firma tecnológica que tiene visión global y ánimo de construir historia. “Cada paso que damos va en esa dirección, tiene que ver cómo tú armas la estructura en EE.UU., para poder crecer. Ese es el foco final”, concluye.



