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Lunes, 16 de Agosto de 2010 11:51 por Daniela Suau

Salvador Said Somavía: “Dar el paso…eso es lo que marca la diferencia”

Rubro: Líderes   |    Etiquetado en:
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Si tuviera que dar una recomendación a la hora de emprender, esa es la que transmitiría el nuevo presidente de Endeavor Chile. Criado en un ambiente que siempre giró en torno a los negocios, hoy es el líder que encabeza uno de los conglomerados económicos más poderosos y diversificados del país: el Grupo Said.

Por Daniela Suau Contreras

Fotografías José Luis Salazar Araya

Director ejecutivo y miembro de numerosos directorios de las compañías que forman parte del grupo económico familiar que hoy dirige, como Embotelladora Andina y Parque Arauco; director ejecutivo de Edelpa, preside el directorio de Isapre Cruz Blanca y del Club Deportivo Palestino; sumado a la vicepresidencia de la Administradora General de Fondos, la Sociedad de Leasing Inmobiliario y de Asesorías Financieras de BBVA-Chile, no queda duda alguna de que nuestro entrevistado de esta edición es todo un líder empresarial.

Sin embargo, Salvador Said (45), no sólo ocupa el “gran sillón” en el ámbito privado. Desde marzo de este año, asumió un segundo trono en el mundo del emprendimiento, como presidente de Endeavor Chile, sucediendo en el cargo a Sven Von Appen. Desde este nuevo sitial, Said deja claro que durante su mandato “el objetivo será consolidar lo que ya se ha hecho y masificar el emprendimiento en Chile, en términos de dar a conocer, aún más, lo que es Endeavor”.

Aunque desde pequeño tuvo claro que sería el heredero del cetro de su padre, reconoce que “al principio, la presión era muy fuerte. Pero después, en la medida que uno lo va entendiendo y que esto te gusta, pasa de ser una presión a ser una satisfacción”. Además, de su época como alumno del Colegio Tabancura, recuerda que “me llamaban la atención los ramos que –justamente- tenían que ver con la matemática o aquellos que brindaban la posibilidad de hacer cosas, de buscar alternativas para crear cosas nuevas. En general, siempre me llamo la atención esa idea”.

Una vez que egresa, la decisión acerca de su futuro laboral, es ciertamente predecible: ingresa a Ingeniería Comercial en la Universidad Gabriela Mistral de Chile, obteniendo el tituló profesional en 1990. “Ahí comencé con ciertos vínculos básicos con el grupo empresarial para empezar a entender los negocios en los que estábamos involucrados, la industria y las cosas que se hacían en las diferentes compañías. Trabajaba durante el verano o a través de jornadas compartidas, dedicando tiempo para ir a la oficina y ver trabajar a mis tíos y a mi padre”. Posteriormente se fue a Inglaterra a trabajar durante un año en el West Merchant Bank.

De aquellos años en los que hablar de negocios, básicamente, era el único tema que se conversaba en su casa, recuerda de manera especial las visitas de los amigos de su padre y, particularmente, una anécdota que aprendió con ellos: “Cuando uno está en el proceso de aprendizaje, se cree un ‘poquito’ dueño de la verdad y tiene un conocimiento teórico que siente que lo puede aplicar tal cual, siendo que la realidad es muy distinta. Entonces, varias veces me hicieron ver que era preferible escuchar que hablar. En el fondo, “Tonto callado pasa por sabio”, cuenta sonriendo.

Pero, desde la mirada de alguien que nació inserto en el mundo de los negocios, ¿se nace o se hace “empresario”? “Yo creo que en la mayoría de los casos se hace, aunque no es absolutamente ni uno ni otro. Sin embargo, antes tiene que haber algo, una raíz, un espíritu. Uno puede generar la motivación en un tercero, para que le vaya gustando esto de emprender, para tratar de tener éxito, convocar a un grupo humano y generar un liderazgo; pero uno debe tener una inquietud para comenzar el proceso”.

Hijo de José Said Saffie, quien nació en Arequipa, Perú, Salvador asegura que toda esta evolución no habría sido tal sin la presencia de su padre: “Él me impulsó mucho. Tener esta cultura de negocios, escuchar y hablar siempre de negocios, hace que te vaya interesando este tema y que desees aprender cada vez más”.

Junto a sus tres hermanas, forman parte del directorio familiar del holding –que es el accionista de todas las compañías en las que participan- pero son Salvador y su padre los que están más activos y vinculados a los directorios de las distintas empresas

Cuando ya se dio el paso

Ya en el mundo laboral, su primera inclusión fue en Envases del Pacífico (Edelpa), en 1990. “Me tocó participar desde abajo, involucrándome como trabajador y conocer lo que era un proceso productivo, vivir turnos de día, de tarde y de noche, y trabajar arduamente durante varios meses, hasta conocer lo que era convivir con la gente que se desempeñaba en Edelpa, con el objeto de gestar el conocimiento que no tenía”.

De ahí se involucró a nivel de directorio, tomando la dirección ejecutiva en 1991 y un año después participó en su apertura al mercado, realizando un proceso de aumento de capital que fue muy exitoso, lo que les ayudó a reinventarse como compañía. Tanto en términos de capital como en el hecho de aprender a trabajar con una sociedad anónima abierta. Eso nos permitió renovar y hacer todas las inversiones nuevas que teníamos que realizar y comenzar un crecimiento que también fue acompañado de lo que era el mercado en ese minuto, cuando estaba aumentando el consumo.

Experiencia con la que afirma que en los grandes grupos empresariales también es posible innovar: “Ese es el gran desafío, porque uno es parte de varias industrias y tiene que ser capaz de reinventarse en la de uno. Es decir, de volver a innovar en el mismo sector donde te encuentras”. Igualmente ocurre cuando se suman socios a los negocios, “yo creo que uno tiene que incorporar diferentes visiones y fortalezas. Nosotros nos hemos dado cuenta de que en los negocios en los que tenemos socios y cuando hemos incorporado personas con otros conocimientos, nos ha aportado gran valor”. Esto quedó en evidencia durante un episodio que les tocó como grupo económico y en el que él participó activamente: la fusión del Banco Bhiff con el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), en 1998, cuando Salvador Said tenía 33 años. “Ellos nos aportaron todo el conocimiento que nosotros no teníamos en el sector financiero”.

Errores y crisis vividas

“Sí, he cometido montones de errores y, como grupo empresarial, nos han tocado no una, sino varias crisis. En especial, en los mercados extranjeros, cuando hemos asumido los procesos de invertir afuera, como en Argentina y Brasil. Por ejemplo, antes de las elecciones del Presidente Lula, había un riesgo político muy alto y todas las contingencias que eso significó durante la compra de la embotelladora de Coca Cola, conllevaron un riesgo enorme”.

Pero al final del día, la lección que Salvador Said destaca, “es que uno comete muchos errores, pero el gran tema es cómo no repetirlos. Porque en la fuerza de emprender y en las ganas de hacer cosas, uno debe tener la capacidad de ganar conocimientos en todas esas experiencias y no precipitarse”.

Otro hecho que recuerda a modo de anécdota, fue durante la crisis económica en Argentina: “Originalmente había un tipo de cambio fijo, que producto de la crisis se liberó; por lo que de tener deuda en dólares ésta se ‘pesificó’ –pasó de dólar a peso argentino-. Justo en esa época nosotros prácticamente habíamos perdido la compañía que teníamos allá, pero en un transcurso de un par de semanas a causa de un decreto de ‘pesificación’ en Argentina, nos encontramos con que la deuda estaba reducida a un tercio. Si hubiéramos colocado una deuda en dólares como muchas entidades lo hicieron, la historia habría sido distinta”.

Por este motivo, Salvador Said identifica como una ventaja, el tener compañías abiertas con directorios. Sin embargo, lo importante es definir con quién trabajar, el negocio, el equipo tras el proyecto y un minucioso análisis del escenario.

De la locura a la cordura

Una de las principales distinciones que Salvador Said concibe entre ser un empresario con experiencia y un emprendedor, ergo, su mejor consejo, es que: “Cuando uno emprende, no hace el análisis completo sobre las precauciones de entrar a un negocio, la industria, las repercusiones que puede tener y dónde se encuentran los riesgos y las fortalezas. Ese es el transcurso de pasar de la locura a la cordura”.

Al principio, el empresario asegura que uno es más irresponsable en el proceso de emprendimiento. “Después, en la medida que uno va aprendiendo, va incorporando la cordura, que es ir estudiando cada uno de los pasos que da y lo importante que es cuidar ciertos factores dentro de la compañía, como es el uso de la caja, estar encima de la venta y preocupado del negocio propiamente tal”.

De esta manera, si uno tiene un buen proyecto y lo ha estudiado en forma correcta, simplemente hay que atreverse. “Hay que dar el paso y perderle este miedo al hecho de hacer cosas que, en definitiva, puede significar tener o no tener éxito. Dar el paso, eso es lo que marca la diferencia”.

El trono del emprendimiento

El acercamiento de este empresario a la red Endeavor, ocurre en 2002 cuando esta fundación vivió una crisis puntual en Chile con la que, incluso, se llegó a evaluar la posibilidad de cerrar las oficinas en nuestro país.

De esta forma, junto a Álvaro Saieh (Copesa) y José Luis del Río (Empresas Dersa), “nos hicimos cargo y nos propusimos como objetivo retomar este proyecto, ver los capitales que se necesitaban para relanzar esta organización en Chile y evaluar si estábamos dispuestos a asumir esa responsabilidad. Puesto que fuera de liderar a ese grupo de emprendedores, debíamos generar una administración personal e ir incorporando a otros directores a retomar este proceso”.

Así se sucedieron distintas presidencias, originalmente fue Álvaro Saieh, después vino José Luis del Río, luego se incorporó Sven Von Appen (Ultramar) y actualmente es Salvador Said quien se encuentra al mando, hasta el año 2012. Período en el que una de las metas es aumentar su actual estructura: “Así como abrimos Endeavor Patagonia y tenemos una oficina en Concepción, ahora vamos a crear oficinas satélites a través de diferentes emprendedores nuestros, en el sur y en el norte, que van a tener gente de búsqueda, selección y apoyo a emprendedores en sus compañías”.

Actualmente, dado que le tocó asumir en un escenario post terremoto, sus principales labores se han concentrado en el desarrollo de proyectos para las zonas más afectadas, con iniciativas como “Emprendedores sin Fronteras”, que levantaron junto a la Universidad del Desarrollo.

“Pero el gran desafío ha sido estar cerca del emprendedor. La mayoría de ellos perdió todo, entonces esto es lo mismo que un fracaso empresarial, pero donde ellos no tuvieron ningún tipo de responsabilidad. Por eso hemos estado muy cerca, viendo qué cosas se pueden reponer; lo que al emprendedor le genera un proceso de reinvención bastante importante, porque cuando se ve enfrentado a perder todo o a que el negocio cambió absolutamente por a, b, c, d condición, va generando procesos de innovación interna donde se cuestiona ‘Bueno, si yo tuviera que partir de nuevo con este negocio, ¿lo partiría igual?, ¿lo haría de la misma forma o me reinventaría?’”.

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