"Una de las cosas que nos caracteriza, es la rigurosidad científica. No vendemos algo, si no podemos garantizar un efecto final”, afirma Álvaro Olivera, ingeniero civil químico y uno de los socios fundadores de Lucien Biotechnologies. Si bien es una afirmación que cualquier empresario haría sobre su negocio, ésta toma fuerza cuando se observa en detalle el trabajo que estos científicos hacen en investigación.
Los inicios de este emprendimiento se remontan al año 2001, cuando Álvaro empezó a desempeñarse con Andrés Leschot y Felipe Camposano. “El padre de Felipe nos dijo que hiciéramos algo en el campo con algunas manzanas. Cuando las cosas no salieron como queríamos, vimos que había cosas nuevas que investigar”, recuerda Olivera. La experiencia de Leschot, quien como bioquímico realizó su tesis en investigaciones relacionadas con plantas, fue la primera avanzada en este espiral de pesquisas que ya han llevado a cabo durante 10 años y que comenzó con la idea de mejorar las características visuales de la fruta. En todo ese proceso han estado acompañados del ingeniero civil industrial, Felipe Camposano, quien se ha hecho cargo de los aspectos comerciales del proyecto.
Lo que descubrieron fue la manera de evitar uno de los daños más comunes que sufren las manzanas, conocido como golpe de sol, que ocurre como resultado de un exceso en la radiación solar y de temperatura. “Hicimos lotes pilotos y en esas pruebas tuvimos buena suerte con el color de la fruta. Algo que no esperábamos”, señala Álvaro. En ese momento se pusieron a investigar qué es lo que había pasado, ya que como cuenta el científico, no se trataba del proceso bioquímico en el que habían pensado inicialmente. “Eso nos abrió un abanico de posibilidades”, afirma.
Pasaron varios años probando, pero no fue hasta 2006 que se constituyeron legalmente como sociedad. Ese mismo año participaron en la feria World’s Best Technologies en EE.UU., donde obtuvieron el primer lugar como mejor tecnología entre todos los participantes del mundo. “Fue la primera vez que el premio se lo llevó una empresa extranjera”, dice orgulloso Álvaro Olivera. Ese mismo evento fue el que dio origen al nombre de la compañía, según cuenta: “éste salió por desesperación cuando se nos pidió completar el formulario de postulación a la feria. Es un derivado de anagramas y combinaciones de los nombres comunes de las moléculas con las que trabajamos originalmente”.
Entre los años 2007 y 2009 consiguieron financiamiento de Innova Corfo para la realización de sus investigaciones. El monto entregado por la institución fue de alrededor de $200 millones. Para la postulación se asociaron con DICTUC de la Universidad Católica. Esto les permitió contratar a dos científicos para trabajar a tiempo completo en Lucien. “Fue un espaldarazo grande que tuvimos. El trato con DICTUC es que ellos se quedan con los equipos y nosotros con la propiedad intelectual”, sostiene Álvaro Olivera.



