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Lunes, 07 de Junio de 2010 10:26 por Gerardo Fica

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Rubro: Sucesos   |    Etiquetado en:
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Los emprendimientos sociales son fuente de ideas para resolver algunas de las problemáticas más acuciantes en este sentido. Individuos comprometidos, han asumido las realidades más graves, generando con sus esfuerzos enormes beneficios sociales y también económicos. Sin embargo estas iniciativas no han sido un camino de rosas a pesar de sus buenas intenciones.

Por Gerardo Fica Delgado de Ornitorrinco Partners

Fotografías Photostogo

 

 

¿Quién debe ayudar al Cisarro?: ¿Sus padres, la sociedad... nadie?, ¿debería estar en la cárcel?, ¿qué hacer con sus seguidores? Según Felipe Kast, Ministro de Mideplan, “el foco es humanizar la política social”, para lo cual sugiere imitar a Sergio Fajardo, ex alcalde de Medellín, y crear un Mapa de la Vulnerabilidad Infantil para disminuir la violencia con la policía e incrementar sus oportunidades sobre la base de la educación y la transformación barrial integral.

Como la experiencia señalada, fuera de las tradicionales ONGs e instituciones públicas, hay muchas iniciativas nuevas, lideradas por individuos o grupos organizados comprometidos, que abordan los viejos problemas de la sociedad. Lo esencial, según John Kao, reconocido experto en innovación y transformación estratégica, es que las soluciones a estos flagelos no sólo generan beneficios sociales, sino también valor económico, favoreciendo la aparición de nuevos estándares de negocios (normas de uso de energías limpias o comercio justo y reportes, premios, índices, sellos y certificaciones), nuevas empresas (por ej. agua mineral LATE) y fuentes de ganancias (como los bonos de carbono).

Pero, ¿por qué importa? Porque “los emprendimientos sociales son una buena fuente de ideas para resolver algunas de las problemáticas descritas”, sostiene Michele Jolin, senior fellow del Center for American Progress. Para ello, propone que sean los gobiernos quienes financien modelos surgidos del sector sin fines de lucro, desarrollando entidades para estimular este tipo de respuestas con fuerte acento innovador. Este planteamiento fue recogido por Barack Obama, creando la Oficina de Innovación Social, que promueve la alianza entre la autoridad y los emprendedores sociales para apoyar el escalamiento de soluciones que hayan demostrado su potencial y efectividad.

Un Techo Para Chile (UTPCH) es un caso nacional que calificaría dentro del propósito anterior. Esta iniciativa ha demostrado su capacidad de resolver un asunto abordado repetida pero infructuosamente por décadas, con tal éxito, que se les encargó directamente la construcción de la mitad de las viviendas de emergencia para las víctimas del terremoto. Si lo pensamos bien, esta clase de proyectos puede verse como un laboratorio donde se generan nuevos modelos organizacionales que posibilitarán corregir las inequidades sociales.

Primeras distinciones

Un emprendimiento social combina la creación de valor con impacto social positivo. Es decir, plantea una forma valiosa para resolver una necesidad (al igual que una empresa tradicional) y, al mismo tiempo, realiza un aporte a la comunidad. Este tipo de propuestas busca tener mayor efecto que las acciones filantrópicas aisladas, o que las organizaciones sin fines de lucro, porque actúa transformando el sistema que provoca los problemas socioeconómicos, ambientales y políticos más acuciantes.

Caroline Ashley, investigadora del Overseas Development Institute, en su reporte Harnessing Core Business for Development Impact (2009), ofrece una descripción de los diferentes modelos de empresas que fusionan lo comercial y lo social.

  • Compañías que ofrecen productos que son necesarios para los pobres y que tienen alto impacto en su nivel de desarrollo. Aunque generalmente asumen riesgos e innovan para llegar a los mercados de consumidores con bajos ingresos, el negocio es orientado por las fuerzas del mercado. Ejemplos: telefonía móvil (GrameenPhone), servicios bancarios (Kiva y Grameen Bank), electricidad (Emergence Energy) y vivienda (Elemental), entre otros.

  • Grandes corporaciones que tienen trayectoria promoviendo el desarrollo de los más desposeídos a través de sus cadenas de suministro y distribución, o por medio de la investigación y el desarrollo. Ejemplos: Proyecto Quijote de VTR, Gerdau AZA, compañías mineras, petroleras o gasíferas que incluyen pymes en su cadena de proveedores.

  • Pequeñas y medianas entidades totalmente comerciales, pero que tienen un fuerte compromiso con el desarrollo económico local. Ejemplos: Recycla, los asociados de FairTrade (que impulsan el comercio justo), y los emprendimientos de Karina von Baer (Avenatop, Oleotop, Treetop).

  • Firmas sociales cuyo producto es de alto valor comunitario y que han adoptado los mecanismos del mercado para entregar su propuesta a la sociedad. Ejemplos: distribución de medicamentos (MediPlus, Nufaika y ADDO) o servicios básicos de salud (FrontlineSMS:Medic, LifeStraw y Tsilitwa TeleHealth).

Otros casos chilenos son: Latin Green, fabrica paredes y techos vegetales; Aguas LATE, embotella aguas y entrega todas sus utilidades a los miembros de la Comunidad de Organizaciones Solidarias; Bolsas reutilizables, produce bolsas que permiten reemplazar 200 unidades de sus equivalentes plásticas; Biosistemas, limpia redes de cultivo sin contaminar el subsuelo marino; Araucaria Yarns, confecciona lanas teñidas artesanalmente; Elemental, desarrolla viviendas, espacios, infraestructuras y proyectos de transporte para mejorar la calidad de vida de los más desposeídos..

De lo anterior, se entiende que el tema del lucro NO es lo central en un emprendimiento social, sino el grado de impacto en la sociedad o entorno. No es necesario ser una ONG para solucionar los problemas de los más necesitados. El Grameen Bank inició una revolución al ofrecer microcréditos a los más pobres en India, lo cual le valió a su fundador, Muhammad Yunus, el Premio Nobel de la Paz. Su ejemplo ha sido replicado en diferentes países con idéntico éxito.

En Sudáfrica, Hollard-Edcon, una empresa conjunta entre la aseguradora privada más grande del continente y una cadena de retail, vende seguros a las personas de bajos ingresos en las 430 sucursales de la multitienda.

Por último, también conviene aclarar que social no es sinónimo de verde. Aunque los segundos pueden tener objetivos sociales, su foco es medioambiental y están más concentrados en las “tecnologías limpias”. Bajo este último nombre se agrupan “los productos, servicios y procesos diseñados para lograr un desempeño superior, reduciendo significativamente o eliminando los impactos ambientales y mejorando la calidad de vida”, declara John Elkington, fundador de SustainAbility.

Emprender no tiene apellido

El emprendimiento social requiere de las mismas habilidades que aquel con fines de lucro, señala el profesor Paul Light de la Universidad de Nueva York. Como toda iniciativa, la social recorre etapas en su proceso de transformarse en una compañía: formación, start up, crecimiento y consolidación. Como toda idea, debe mostrar su potencial y generar un piloto exitoso para luego ganar escala y amplificarse con inversionistas.

Nuevamente, UTPCH es un ejemplo desde esta perspectiva. Primero se juntó un grupo de jóvenes para construir 350 casas para familias que vivían en la extrema pobreza. Era un proyecto puntal, no pensado para continuar, pero en vista de la motivación de todos los participantes decidieron construir 2.000 casas antes del año 2000. Esta meta fue superada ampliamente, consiguiendo sensibilizar a gran parte de la población que se sumó con aportes monetarios y voluntariado, redundando en la ampliación a todo Chile. Se internacionalizaron con Un Techo Para Mi País, hoy presente en 16 naciones, y formaron una alianza con el Art Center College of Design de California, para traspasar la experiencia de diseño e innovación, en el ámbito de sustentabilidad, a los campamentos nacionales.

pero enfrenta los mismos desafíos

Alcanzar escala es el principal problema de estos emprendedores. Al igual que las pymes, el reto es dejar de serlo para lograr mayores niveles de autonomía.

La experiencia de otros territorios muestra que las necesidades de dinero son más importantes al principio, pero que el apoyo al líder y al desarrollo de la organización, son claves para la supervivencia y proyección de ésta. En particular, se requiere entregar coaching, información, competencias de gestión (planificación, finanzas, comercialización y asistencia legal) y acceso a redes de inversionistas. Pensar y operar como empresarios, permite a estos emprendedores ser más eficientes en la gestión de recursos y mejorar la efectividad de sus servicios.

Para abordar estos aspectos se necesitan incubadoras especializadas, que proporcionen espacios donde este tipo de emprendimientos encuentren financiamiento, buenas prácticas e ideas, y los inversionistas puedan aprender a confiar en los gestores, controlar sus aportes y conseguir accountability (responsabilidad) de los mismos. Ejemplo de entidades como las señaladas, son The Hub en Londres, el Centre for Social Innovation en Toronto o La Ruche en París. En Chile, durante 2009 se formó NeSsT, una fundación que orienta sus esfuerzos a levantar capital y reforzar la sustentabilidad de las actividades sociales empresariales seleccionadas. Además, el fondo de inversión social organizado por Claro & Asociados está pronto a efectuar sus primeros aportes en proyectos inclusivos.

Entre las instituciones internacionales que apoyan el financiamiento temprano e intermedio de los emprendimientos sociales, sobresalen: Fundación Skoll, Ashoka, Fundación Schwab, Fundación Draper Richards y EcoGreen, entre otras.

La relación con la RSE

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) tiene que ver con el cumplimiento de buenas prácticas y la mitigación de riesgos asociados al daño medioambiental. Para alcanzar estos objetivos, las compañías apoyan causas de modo filantrópico o establecen programas propios. Ejemplos de lo anterior son las campañas publicitarias de Hugo Boss, que ofrece plantar un árbol en la selva amazónica del Perú por cada fragancia vendida, ayudado por la organización ambientalista Pur; o Nike, que participa en la lucha contra el Sida en África, aportando todos los ingresos por ventas de cordones rojos de fútbol (US$4) en 13 países del mundo.

Sin embargo, “aunque la RSE, por lo general, requiere mejorar las operaciones para mitigar los problemas asociados a ésta, los negocios inclusivos van más lejos al aprovechar las oportunidades que se abren para servir a los previamente excluidos”, sostiene Caroline Ashley del Overseas Development Institute. Este tipo de negocios se caracteriza por incluir la participación de las personas de más bajos ingresos en la cadena de generación de valor, ya sea como clientes, consumidores, proveedores, distribuidores o empleados.

En Chile, la compañía de acero Gerdau Aza ha puesto en práctica un programa de recolección de chatarra dirigido a proveedores domiciliarios. De esta forma, incorpora a distribuidores precarios en su cadena de producción, reforzando su imagen y reputación. Otro caso es Masisa, que busca fomentar el micro emprendimiento en el sector de la mueblería, desarrollando capacitaciones técnicas y comerciales a través de sus Placacentros, con metodologías de educación masiva. Complementa esto con un plan sistemático de formación de mueblistas certificados y activos en toda Latinoamérica, cuya meta para 2013 es llegar, como mínimo, a 30.000 beneficiados.

La mejor manera de volver inclusiva a una organización, es partiendo de sus competencias distintivas. Tal como han hecho las siguientes empresas: DHL, colabora con todos sus conocimientos de logística con el World Food Programme, para facilitar la ayuda humanitaria que éste entrega; Virgin, apoya la incubación de empresas en Sudáfrica compartiendo su propia experiencia; British Airways, facilita a sus pasajeros hacer donativos a Unicef durante sus vuelos; Banco Itaú, educa en emprendimiento, formulación de negocios y buen manejo de las finanzas personales; y Lion Brewery una cervecera de Sri Lanka, usa su planta para producir agua potable después del tsunami.

Obrando de este modo, “las entidades pueden tener un mayor impacto en el desarrollo mediante la adaptación de sus prácticas empresariales básicas, más que a través de la filantropía, lo cual puede no sólo reducir los costos para los pobres, sino ampliar sus oportunidades”, asegura Caroline Ashley. Es decir, las organizaciones necesitan respaldar o asociarse con los emprendimientos para cumplir con los estándares actuales de RSE.

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