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Miércoles, 11 de Agosto de 2010 13:16 por Omar Oyarce

Dodge Challenger R/T Hemi

Rubro: Test a Bordo   |    Etiquetado en:
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El Challenger es uno de los clásicos estadounidenses más importantes de la categoría de los llamados “muscle car”. Éste floreció durante la segunda mitad de los 60 y desapareció entrando los 70, con la llegada de la crisis del petróleo.

En esos años la competencia entre las marcas se basaba en la potencia bruta de sus motores, mientras más alta fuese, mejor. Debido a la falta de sofisticación técnica de la industria de la época, esta carrera desembocó en continuos aumentos de cilindrada, llegando a monstruos con motores V8 de desplazamientos de entre 4.500 y 7.200 cc. o más.

Sin embargo, las potencias que se manejaban eran bajas con relación al tamaño del motor, moviéndose entre 260 y 400 HP los más sofisticados. En aquellos años, los motores con alta compresión, ejes de levas en culata, doble eje de levas o sistemas multivalvulares, eran propios de los fabricantes europeos. Como referencia, un humilde Fiat 125 del año 1972, con un motor de cuatro cilindros y escasos 1.600 cc., ofrecía algo más de 100 HP.

En Chile este grupo de musculosos no tuvo mucho éxito, básicamente, debido a las restricciones de importación de la época, un alto consumo y concepto de coupé (carrocería de dos puertas) que, en aquellos años, no cuadraba con el perfil de auto familiar que se hacía necesario en el país, como consecuencia de la baja tasa de motorización que prácticamente obligaba a tener un auto por casa. No obstante, algunos afortunados disfrutaron del Chevrolet Camaro y Ford Mustang de la época, que fue la gran mayoría que llegó a nuestro territorio, relegando al Dodge a unas pocas unidades.

 

Mi relación con un R/T, se inicia a mis cinco años, cuando un familiar llega de regreso de EE.UU. con un exclusivo Challenger del 72, color cobre, motor V8, 383 Magnum y la clásica huincha blanca con la sigla R/T, de road and track… ¡Era lo máximo!, recuerdo cada sonido y rincón de ese vehículo.

Pasó el tiempo y la primera generación desaparece el 74, renaciendo entre 1978 y 1983 en la potencia del norte., sobre la plataforma de un japonés, conocido en Chile como Mitsubishi Sapporo. No le fue bien. Hoy, ya en su tercera generación, retoma la genética original y reconozco su ADN en mis memorias; sus ángulos, curvas, proporciones y el sonido del V8. Incluso, más fiel que el original. A mi parecer, de los tres estadounidenses “retro” en oferta, el que mejor recoge el espíritu excepcional de aquellos años es el Challenger.

Su motor de V8 de 5.700 cc., gracias a la tecnología actual, brinda la misma potencia que antes: 375 HP, pero con menor desplazamiento y consumo, ofreciendo un rendimiento bastante razonable para su tamaño, siete a ocho km/litro. Esto, consecuencia de la tecnología MDS que desconecta cuatro de los ocho cilindros, en momentos que el vehículo percibe que su conductor o las condiciones de manejo, no hacen necesaria toda la artillería. En sus entrañas, junto al sistema VVT de –Válvulas de Abertura Variable- la tecnología Hemi, desarrollada por Dodge en los años 50, mejora mucho la eficiencia del motor al instante de la combustión.

Este despliegue técnico hace del R/T un auto de reacciones expeditivas y potentes arrancadas, que sube rápido de vueltas y con un temperamento más rabioso del que se esperaría para su tamaño. Ya a bordo, se desvanece algo del diseño inicial, en búsqueda de espacio para un sistema de climatización manual, una radio de pantalla grande y algunos botones como la calefacción de los asientos o la desconexión del control de estabilidad/tracción que no estaban en el original.

Si bien es cierto que posee lo requerido para considerarse un full equipo, no destaca por sofisticaciones o una calidad extrema. La posición de manejo es acertada y cómoda, los asientos sujetan lo necesario y la visibilidad es razonable, teniendo en cuenta que los diseñadores no la priorizaron en razón de respetar el modelo original. El sonido del motor emerge mágico como todo V8, entregando desde cero un importante y contundente empuje, debido a su gran torque. Pisándolo a fondo y esperando que su caja automática haga bien la pega, la aceleración se mueve en torno a los 6 segundos 0 a 100 kph.

Desconectando el control de tracción y gracias a su impulsión trasera, se disfruta mucho contra volanteando y moviendo la cola al toque del acelerador, no cuesta nada quemar un par de metros de neumáticos y “dejar firmado” el pavimento. Pese a que su suspensión y plataforma están basadas en el Chrysler 300C que, a su vez, toma elementos de ingeniería Mercedes Benz, su comportamiento es más bien “gran turismo” que “sport”. Y aunque dobla bien, si consideramos su alta potencia y 1.850 k. de peso, llega un momento en el que la suspensión, los frenos y la sensibilidad del volante, aconsejan levantar el pie sobre su generoso motor. Esta situación se da al límite y con un manejo exigido, que es apropiado de mejor forma por la versión SRT8, que cuenta con una puesta a punto y un equipamiento agresivo. Su caja de cambios automática de cinco velocidades con opción secuencial, ofrece una primera y segunda de relación más bien corta, que permite sentir que el motor siempre “esta ahí”. Las otras tres marchas van en búsqueda de un menor consumo y un viaje relajado en carretera. Se echa de menos la opción de caja mecánica de seis velocidades, disponible en el mercado estadounidense.

Éste es un auto que se hace querer y dará mucha entretención a quien busque el estilo y sensaciones de poder de la vieja escuela, con la diferencia de tener la posibilidad de personalizarlo, gracias a la gran oferta “aftermarket” que existe a en el país del norte.

1 comentario

  • Enlace comentario felipe Rafols Domingo, 28 de Noviembre de 2010 22:03 Publicado por felipe Rafols

    hola,
    Buen articulo, yo tengo el challenger cobre que cuentas, hoy es blanco.....slds
    Felipe.

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